- ¿Cómo está tu madre?Me lo preguntó con boca pequeña, la vista fija en la ruidosa cucharilla con que removÃa el cortado. También podÃa percibir el miedo en sus palabras. Creo que le oà tragar saliva. Di un sorbo, evitando mirarlo.- Bien.Respondà con boca pequeña.No estaba bien. Estaba peor que nunca. Desvariaba, tenÃa ataques de rabia, habÃa dejado de ser coherente, utilizaba el chantaje emocional todo el tiempo, me sacaba de quicio con sus conclusiones ilógicas y sus gritos, sus acusadoras palabras, como si yo estuviese en su contra y nunca hubiese hecho nada por ella. Se habÃa vuelto venenosa. Cuanto peor se encontraba, más venenosa era. Los dÃas en que estaba bien, sonreÃa mucho, me besaba, me decÃa que me querÃa. Se emocionaba por cosas nimias, y tenÃa ánimos para ver pelÃculas y salir a tomar café con sus amigas.Los dÃas que se encontraba mal, una amarga bilis me recorrÃa el paladar, y fumaba más que nunca, para tranquilizarme, para estar ocupado. No podÃa concentrarme en estudiar, y me hundÃa en el sofá de mi habitación, escuchando música, meditabundo, sin hacer nada más que mirar el vacÃo e imaginarme otra vida.Él si habÃa mejorado. VolvÃa a trabajar, y parecÃa haber salido un poco de esa profunda depresión, tan preocupante, del principio, de cuando ella lo echó de casa.De vez en cuando aún lloraba, cuando estaba aturdido o agotado, pero sabÃa mantener su mente ocupada la mayor parte del tiempo, y le notaba que lograba salir adelante.Yo empezaba a plantearme irme a vivir con él... ¿a quién pretendo engañar? Lo pensaba la mayor parte del tiempo. Pero no podÃa dejar a mi hermano pequeño solo con nuestra madre, o empezarÃa a dirigir sus tóxicos comentarios hacia él, y él no podrÃa soportarlo. Tampoco querÃa dejarla sola.El desgaste era brutal, y yo tampoco me encontraba bien. HabÃa tenido un accidente algunas semanas atrás, y aún cojeaba de vez en cuando, aunque el dolor remitÃa tras un par de pastillas, o algunos cigarrillos.Ella ni siquiera se daba cuenta de lo que hacÃa cuando se encontraba mal. ¡Estaba enferma! No me salÃa ni culparla, aunque lo deseaba. ¿A quién podÃa culpar?¿A mà mismo?¿A mi padre?¿A los psicólogos?¿Al tipo que la arrolló en el coche hace tantos años, y por el que empezó a estar enferma...?Eso era casi tan frustrante como todo lo demás. No tener nadie a quien culpar, tragármelo todo y envenenarme aún más, y sentir la cadera arderme y empezar a cojear de nuevo. También me mareaba, últimamente más a menudo, por el dolor. No me salÃa ni llorar, ni gritar para desahogarme.Pero di un sorbo del café y le sonreà a mi padre, que me miraba atentamente.- Está mejor. Creo que estamos saliendo adelante, como tú. Poco a poco.- Me alegro - él medio sonrió, triste. Se lo podÃa notar, como seguro que él me lo notaba a mÃ.Quizá habÃa heredado de él fingir tan bien que nada iba mal.