A veces las personas se comportan como animales, pero irracionales. Una muestra de esto es el comportamiento del protagonista del siguiente relato. Su nombre es Mikel Equis, tiene 24 años y vive en una gran ciudad. Él piensa que todo vale, que cuando el hombre se enfrenta a animales de la misma especie el mundo se transforma en una selva. Una selva en la que, como decÃa antes, todo vale.Una noche Mikel se duchó, se afeitó, se peinó y se echó medio litro de perfume para salir. Salir un domingo, vaya barbaridad –pensaba su abuela. Mikel es un chaval normal, que hace las cosas propias de su edad: sale con sus amigos, se divierte, asiste periódicamente a sus clases de ingenierÃa quÃmica… Pero cuando sale por la puerta cada noche, se transforma. Cree que todo vale.Aquella noche, tras el ritual de aseo salió a la calle en busca de un colega con el que pasarÃa la noche. Esa noche irÃan a “cazar†daba igual quién fuera la presa. Mikel y Arnold se encontraron en la parada de metro de al lado de su casa y decidieron ir al bar de siempre para tomar unas cervezas. Primero una, después otra, después otra… en fin, la rutina.A las 4 decidieron cambiar de bar, continuaron tomando copas. Qué lastima, esa rubia se me ha escapado –le comentaba Arnold a Mikel. Bueno no te preocupes, no habrá peces en el mar… -le replicaba su amigo. Entraron en el segundo bar y continuaron la noche tomando copas. En un punto exacto de la noche, la ruta estaba clara, el último pub abierto en la ciudad: “el Xanziâ€.Para su sorpresa el local estaba vacÃo, sólo habÃa dos chicas en la pista. TenÃan pinta de estar borrachas, como ellos, por eso las entraron. SuponÃan que empezaba la verdadera cacerÃa. Susana y Cristina les miraron. Entre mirada y mirada los chicos atacaron. Otra copa y el bar cerrarÃa ya era tarde, debÃan darse prisa. Por desgracia el bar cerro antes de tiempo y Mikel y Arnold se quedaron con las ganas.Cristina decidió invitarles a ellos y a su amiga a su casa a tomar la última. Las cosas se liaron, todo hay que decirlo. Cristina acabo enrollándose con Arnold. Estaba claro. Mikel veÃa clarÃsima su posición. SerÃa él el que atacarÃa ahora. Pero cuando se quiso dar cuenta Susana estaba durmiendo a pierna suelta en el sofá. Mierda, se me ha jodido la noche -pensó Mikel. Asà él se puso a dormir a su lado. De todas maneras ¿qué podÃa hacer si no?En un momento de confusión entre sueños lúcidos y borrachera Mikel se levantó corriendo del sofá intentando buscar desesperadamente un baño. Pero ¿qué mierda de alcohol dan en estos bares? –se lamentaba Mikel. Corrió en todas direcciones. Decidió abrir una puerta, no podÃa aguantarse ni un minuto más. El compañero de piso de Cristina, que ya estaba levantado para ir a clase, le miro con extrañeza. ¿Qué haces tÃo?, ¿tú quién eres? ¡sal de aquÃ! –le grito.Estoy buscando el baño –le replicó Mikel. Pues aquà no es –el chico cerro la puerta de mala baba. ¡Bien lo encontré! –pensó Mikel. Entro en el baño. Vómitos y diarrea se sucedieron. El chico estaba sentado en la taza del váter echando todo lo que tenÃa en el cuerpo. Mierda, me he cagado en los calzoncillos, ahora si que no voy a poder cazar, ¿o sÃ? –pensó. Ni corto ni perezoso se limpió el culo, se levantó de la taza y se quitó pantalones y calzoncillos. Mierda, esta puta cadena no va, pero qué cojones… Al tirar de nuevo de la cadena observó como el agua comenzaba a subir. No por favor, ahora esto no… más problemas –se decÃa.Allà estaba Mikel, borracho, desnudo de cintura para abajo, con un montón de mierda y de vómitos que rebosaban por la taza del váter y unos calzoncillos cagados. Tengo que cazar sà o sà –reflexiono. De repente, en un arrebato de locura, lanzó los calzoncillos por la ventana. Seguro que ni se dan cuenta, si estas tÃas son gilipollas –pensó. Ni corto ni perezoso se vistió, dejo la ventana abierta y salió del baño. Se volvió a recostar en el sofá junto a Susana.Cuando Susana despertó Mikel se lanzó, comenzó a besarla. Susana no notó nada extraño hasta que al tocar su cintura por debajo de la camiseta descubrió que aquel desconocido que tenÃa al lado no llevaba calzoncillos. Hay que joderse, puto pervertido, yo me largo de aquà –pensaba Susana. La chica hizo como si no hubiera pasado nada, se ahorró sus preguntas y volvió a dormirse.Cuando ya estaba bien entrado el dÃa Cristina y Arnold se levantaron. Arnold se hizo un porro. Lo fumaron entre los tres, Susana seguÃa dormida. Llegó la hora de marcharse, Mikel dejo su teléfono a Cristina para que se lo diera a Susana. La chica que quedaba despierta decidió caer también en las redes de Morfeo. Por la tarde las chicas se levantaron, comieron y comenzaron a hablar de la noche anterior.Esto se nos ha ido de las manos colega –le decÃa Cristina a Susana. Su amiga asintió y se quedó unos minutos en silencio. TÃa ese pive era un cerdo, un pervertido o yo qué sé –comentó Susana. ¿Por qué?, ¿qué te ha hecho? –preguntó su amiga. No llevaba calzoncillos. Cristina empezó a contarle que su compañero de piso habÃa visto a Mikel entre noche levantarse y se habÃa metido en su cuarto, preguntaba por el servicio. Pues ahora que lo dices me despertó sin querer entre noche, creo que vendrÃa de allà –dijo Susana.Otra vez se hizo el silencio. Empezaron a dilucidar el porqué de que el chaval no llevara calzoncillos. TÃa a que este se metió en el baño que no era. Mira que se lo dije, entrad en este que el otro está estropeado. Las dos muchachas fueron al baño que estaba estropeado. La taza del váter estaba hasta arriba de agua, habÃa restos de mierda y la ventana estaba abierta. Joder el váter está atascado –dijo Cristina. ¿Te imaginas que ha tirado los calzoncillos por el váter? –dijo Susana. Las dos chicas comenzaron a reÃrse sin control imaginando un montón de historias acerca de lo que podÃa haber sucedido con los calzoncillos.Puto hijo de puta, como me haya tirado los calzoncillos al váter se va a enterar, ¿no los podrÃa haber tirado por la ventana o algo? –dijo Cristina. Las dos reÃan sin parar. Concluyeron aquella tarde cuando Susana comentó que tenÃa que irse a casa. Todo paso al olvido, hasta un par de dÃas después. Cristina estaba en su casa viendo la tele y sonó el timbre. Al abrir la puerta se encontró a la vecina del primero, se quejaba porque la habÃan mojado el techo, creÃa que el agua venÃa del baño.En un momento de la conversación la mujer preguntó: “¿se os han caÃdo unos calzoncillos por la ventana? Es que han caÃdo en mi patioâ€. Cristina lo negó y despacho a la vecina. Tras cerrar la puerta comenzó a reÃrse a pecho partido. Lo mismo hizo Susana cuando cogió el teléfono minutos después y su amiga le contó el incidente. Vaya un cerdo el hijo de puta –selló Susana.¿Homo homini lupus?