La Verdad. Uff… qué será eso, vaya locura de término, y vaya locos los que piensan acerca de ella.
El sentimiento de “Verdad”, de poder sentir cosas verdaderas, me atreveré a decir, es el primer síntoma de haber encontrado el camino que nacimos para recorrer. Es un sentimiento muy personal, de otra categoría que antes no se había alcanzado porque no se sabía de su existencia más que en la teoría; y se ha hallado a través de una constante búsqueda en todo lo que nos rodea, pero sobre todo, dentro de uno mismo. Allí empieza a nacer, en lo más profundo del alma. Echa las raíces en un lugar al cual ninguna mano humana puede acceder.
Este sentimiento o conocimiento de la Verdad podría, consecuentemente, hacernos compañeros inseparables de la libertad. Ésta a su vez volvería a evocarnos la Verdad, y así se entraría en un círculo vicioso perfecto que desembocaría en la autorrealización y en un progresivo y constante crecimiento personal.
¿A alguien se le ocurre algo más parecido a la felicidad?
Lo único que se me escapa es dónde se encuentra la Verdad, esta aventura a la felicidad es menester personal de cada uno.