Sentir que no se pertenece a ninguna parte. Sentirse solo en la gran masa de la humanidad: condición de hombre. De entre las grandes preguntas que me han formulado algunos sabios que he encontrado en mi camino, me llamó la atención algo que me comentaron el otro día: “…hacía mucho que no me sentía tan solo. Y me pregunto si es la condición del ser humano o un estado de ánimo pasajero. […] No sé lo que quiero de mí, de mi vida, de la gente que encuentro por mi camino... No sé qué es lo que siempre me falta y que me deja insatisfecho…”¿Razón de tristeza? No, razón de humanidad. Nacemos solos, vivimos solos y morimos solos. Pasamos tiempo con algunas personas, damos, recibimos… pero siempre somos la misma persona, aquella que goza de un pasado no palpable que solo es la suma de horas, días, semanas y meses, y que en ocasiones se da cuenta de la realidad: a pesar del entorno, y de los diversos motores del día a día, nadie más forma parte de nuestro cuerpo, ni tampoco de nuestra alma. Nadie más es partícipe de nuestros interrogantes y de nuestro personal pesar del “¿dónde voy?”.Comes, duermes, friegas, te relacionas… Nada tiene que ver con tu persona, nadie te puede quitar la individualidad y la soledad que esta conlleva. Quizás una pareja, una religión o la unión a determinada familia, determinado grupo, entidad, país, raza u organización puedan aportarnos temporalmente un sentido de pertenecía a alguna parte. Pero tarde o temprano vuelve a visitarnos el sentimiento de soledad. Condición de hombre, cuestión de humanidad.El que busca es un buscador, y el que busca lo absoluto es un iluso, tarde o temprano solitario, sin más equipaje que sus preguntas, y ese vacío interior que ha rellenado en múltiples ocasiones con una infinidad de diversos sentimientos, emociones, lugares y filosofías que un buen día, puestas a prueba, se caen. Montañas de artimañas desechables se acumulan tras largo tiempo en el corazón del iluso buscador. Esto nos conlleva irremediablemente a trazar un camino de involuntarios hallazgos, que sólo en su final, acertamos a descubrir y a valorar, y lo que buscábamos con tanto anhelo, aquel camino que queríamos forjar con tantas ganas, supongo, que ya no tiene importancia, ya le hemos recorrido.