Tantos avances de la ciencia, tanta inversión en tantas cosas inútiles... ¿Cuándo van a inventar los bancos de plaza climatizados? ¿Qué tan difícil puede ser?Imaginen ir caminando por la calle, con 35 grados de temperatura, y de repente, ver nuestra isla nevada.Y lo mismo en los más crudos inviernos: Islas soleadas con temperaturas veraniegas.Porque somos humanos: en verano extrañamos el invierno y en invierno, ansiamos el calor. Y todos los veranos y todos los inviernos negamos lo dicho en la estación opuesta. Quizás así debamos ser para avanzar, inconformistas eternos, buscando lo que no tenemos y lo que al tener, despreciaremos, aburridos, desilusionados, volviendo a buscar lo perdido o lo dejado de lado para conseguir lo que ahora descubrimos que no queríamos tanto...Las islas serían, entonces, un escape climático. Siempre son la excusa ideal para detenernos un instante, siempre son un recreo. Imaginen entonces estar todo el día maldiciendo el calor y poder descansar en una isla nevada. Solo cinco minutos, robados al trabajo, a las obligaciones, a la realidad. Y comeremos un helado en la isla nevada y un chocolate en la isla veraniega (porque las golosinas las compraremos, lógicamente, afuera de la isla, y serán acordes a la verdadera estación del año en la que estamos, no a la de la isla, pero no importa).Porque no es lo mismo entrar a un café con calefacción o en un shopping con aire acondicionado. Tiene que ser así, en medio de la calle, libre, para todos, unido y aislado, en medio de la ciudad y fuera de ella por mérito propio. Como todas las islas. Allí, al alcance de la mano, e invisibles excepto para quienes las buscan.