I. llueve, cada vez más fuerte. y más peligroso. Cada vez más sonoro. La humedad aumenta. Tengo unas ganas colosales de hacer-(me/te) -el amor. no insisto en padecerlas ya, pero no hay nadie nadie que me ame. nadie llueve a cantaros. Si supiera donde encontrarme, cómo buscarte arrastraría los restos de este alma, no importa qué tan lejos o cuán fuera del tiempo esté tu lecho de mí. Heme aquí: en el reino de las ansias. recostarme entre tus sábanas. no las conozco pero lo sé: me urge. sentir la tela, olerlas, rozarte, que me roces /de – li – ca –da – men - te. Se oye un himen que se rompe.¿un himen emite sonido, posee tono de voz? II. Tener tu piel sobre mi piel. Más; aún más. ¡Que desees ardientemente mi piel sobre tu piel, con violencia! Tus dientes mordiendo suavemente mi labio inferior. Tu corazón quemando sobre de mi corazón –a través de la piel. Besar justo allí, donde toca la orquesta de tu existencia Con los ojos cerrados lameré el lugar en donde tu corazón me late voy a alimentarme de él. Mi lengua intentando ahogar tu lengua en tu garganta; luego, tu lengua lamiendo mis pezones. Despacio, la yema de los dedos de mi mano derecha dibujando sobre tu angulada espalda un mapa con forma de corazón. Tu lengua. Mi lengua. y un abrazo. Sudor. El estallido final, la pérdida de la conciencia /paraísos a mi alrededor/ Tus sábanas, tu aroma. Tu calor. los amantes se deslizan por el sendero de las mariposas. Sábanas. Aroma. Calor. Preciso que suceda que te llevo en mí Llueve, o quizá sólo sea llanto.