Advertencia: violencia.Cosas de adolescentesEl asesino sabÃa lo que pasarÃa. El asesino lo veÃa muy claro. Entre el montón de rostros ligeramente aniñados avanzaba con el cuchillo en alto. La vÃctima lo miraba estupefacta y parecÃa que iba a decir algo, pero su puño viajó más rápido que su aliento y le dio en el cuello, asà no le cupiera duda de que iba en serio. Luego una patada bajo el cinturón y cuando cae es el momento de que el acero se convierta en escarlata. La vÃctima ni siquiera grita mientras mandobles incontrolables lo azotan como dentelladas rabiosas. Sobre los ojos, en los ojos, en la nariz, delineando las mejillas que desaparecen, ¡adiós oreja! El asesino disfruta con lo que ve, se rÃe. Él es el rey del mundo.El timbrazo del recreo le llegó demasiado brusco. Los alumnos recogen sus pertenencias, hablan entre sÃ, se marchan. El asesino, sin cuchillo ni corona, es el último en salir. Su vÃctima le detiene.-Más le vale estudiar para la próxima clase, Manuel, o tendré que aplazarlo.En la garganta, en el pecho, y entonces, un giro de la hoja. El dulce crujido de las costillas. ¡Cuánto silencio sin esas palabras arrogante!-SÃ, señor.El asesino abandona el aula.InvisibleUna vez el niño soñó que caminaba entre una multitud y constantemente recibÃa empellones de todas partes, pero de ningún salÃa una disculpa. Les gritaba que no era una pared y nadie oÃa. Lo mismo hubiera dado que no estuviera ahÃ. El sueño se repitió varias veces. Nadie lo oyó, nadie lo supo.-Pablo, haz el favor y dile a tu compañero que está en horas de clases.El profesor realmente no sabÃa cómo se llamaba ese chico con la cabeza pegada al banco. El sonido de los exámenes acomodándose fue lo único que se oÃa.-Profe, no creo que esté dormido.-¿Cómo dices?Tanto el profesor como el resto del alumnado lo vieron. El frasco vacÃo en la mano sobre el regazo, la mirada perdida y el cuerpo que no respiraba les ayudaron a entenderlo finalmente.